Los ojos de mi princesa es una novela ambientada en los últimos años de la década de los 70 que narra la vida de Jose Carlos, un muchacho de quince años que ha bautizado a la nueva estudiante como Sheccid, pues es la princesa dueña de su corazón. Inspirado por un relato de su abuelo, nuestro joven e idealista protagonista encuentra en la chica una razón para superarse a sí mismo mientras aprende sobre el mundo en su camino a la madurez.
Sobre el autor y el libro
Carlos Cuauhtémoc Sánchez, nacido en el año de 1964, es un escritor mexicano cuya narrativa se ve enfocada en la educación, la familia y la autoayuda, cuyas posturas conservadoras quedan bien plasmadas en Los ojos de mi princesa publicada en 2004 como la versión extendida de La fuerza de Sheccid. Un autor más que controversial.
Sobre mi opinión
Tuve mi primer encuentro con esta novela en mi época de secundaria y, con el tiempo, me olvidé de la mayor parte de los detalles de esta historia, pero permaneció en mí la impresión en general de que me había gustado. Fue ese recuerdo el que me impulsó a releer su novela casi 10 años después, ¡y vaya que mi opinión al respecto ha cambiado!
A diferencia de Donde habitan los ángeles, lo que recordaba vagamente de la novela entró, casi inmediatamente, en conflicto con mi forma de pensar actual, pero si no considerara que, aun así, tiene valor suficiente como para hacerle una reseña, no estaría escribiendo esto. Como he mencionado en mi sección conóceme, prefiero no hablar de aquello que no me gusta, pues que una opinión sea contraría a la mía no la hace menos válida, yo misma disfrute de la novela la primera vez que la leí, pero no quiere decir que no reconoceré sus problemas.
En general, es una novela muy sencilla, que tira de extremos (algo solo puede ser bueno o malo) y, me atrevería a suponer, en la que el autor se autoinsertó. Está claro que apunta a un público muy específico, pero todavía considero que podría ser una buena lectura para personas muy jóvenes o que apenas comiencen a leer por su cuenta. Considera esta como una recomendación parcial.
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| Carlos Cuauhtémoc Sánchez, autor de Los ojos de mi princesa. Foto de Ricardo Hernández |
Reseña
Los ojos de mi princesa gira en torno a una sola idea: encontrar y aferrarse a una musa que te haga ser mejor persona. En el caso de José Carlos, el protagonista, dicha musa es la chica nueva, a quien bautiza como Sheccid y al caer perdidamente enamorado de ella ni bien la ve. Al principio de la novela, se ve expuesto a una situación problemática y, para evitar dicha tentación, decide que el amor que siente por su princesa, Sheccid, será lo que lo mantenga alejado del mal camino.
En esencia, aunque simple, me parece un buen argumento. Estoy segura de qué todos en algún momento hemos intentado ser mejores por alguien más y podríamos nombrar sin problemas alguna historia como ejemplo. Mi problema es la ejecución. La obra toca el tema del primer amor en la adolescencia y es justo eso lo que se nos presenta, un romance adolescente. El protagonista es un joven de quince años que no ama a Sheccid, sino al ideal que ella representa: un amor puro, libre de pecados, apasionado y romántico, que espera dure por siempre, ayudándolo a cumplir sus metas.
Lo que se podría esperar es que, a medida que avanza el libro, José Carlos pasara de ver las cosas en blanco y negro a grises, conociera a Deghemteri (la chica de quien dice estar enamorado), reflexionara sobre la idealización del amor y tomará la decisión de amar o no a su princesa por la persona que realmente es. Pero esto no ocurre, no de esa manera. Ciertamente, su actitud cambia, pasa de ser un chico torpe, introvertido y tímido a uno mucho más confiado y dispuesto a luchar por lo que cree, pero su pensamiento permanece intacto, aun cuando su ideal es destrozado. Además, el autor no es nada sutil al decirnos sus cátedras sobre moralidad, cosa que rompe el ritmo y la inmersión.
Esas son, en líneas generales, mis mayores quejas sobre esta historia, pero aún hay cosas dentro de ella con las que me pude identificar y que genuinamente disfrute. Quizá sea debido a que comparto nacionalidad con el escritor, pero me ha hecho recordar mis días en secundaria y el cómo fue la primera vez que idealice el amor. Tiene enseñanzas que, sin el contexto del libro, considero que están bien y son menos intrusivas con el lector. La narración es fácil de seguir, los fragmentos en referencia a poemas de otros autores fue algo que agradecí y, hablando de personajes, me agradaron mucho más las interacciones que tiene José Carlos con Ariadne, la amiga de Sheccid.
Es una novela amena que puede disfrutarse en cualquier momento, adecuada para quienes disfrutan del romanticismo más propio de la adolescencia y el drama. Si bien, para aquellos más entrados en el mundo lector, no será buena, tampoco es lo peor que uno se puede encontrar.
Gracias por visitar este pequeño rincón. Hasta volvernos a encontrar.


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