Sinopsis
Desempleado, intentando valerse por sí mismo y con un futuro incierto, Mateo será diecisiete años mayor que el hijo que está a punto de tener con Lorena, su novia. Ella y su madre creen que lo mejor es darlo en adopción e intentan convencer a Mateo de ello. Sin embargo, cuando el recién nacido lo mira directamente a los ojos, sabe que son Lucas y él contra el mundo. Decidido a no separarse de su hijo, Mateo toma al pequeño en brazos y huye, dispuesto a darle un mejor futuro.
Sobre la autora y el libro
Audrey O’Hearn, nacida en Toronto, Canadá, comenzó su carrera como escritora tras su lucha contra el cáncer, centrándose en el público adolescente y adulto joven. En el camino, dio clases particulares de lectura a estudiantes de secundaria, ayudó en una guardería para niños con discapacidad y fue voluntaria en una biblioteca infantil: donde hubiera niños y libros, ahí estaba ella. En Lucas y yo, su libro más conocido y con una adaptación cinematográfica (Me and Luke, en 2006), aborda temas como la paternidad temprana, el amor y las relaciones familiares.
Sobre mi opinión
Al igual que algunos de los libros de mi estantería, este es uno que he tenido desde la secundaria, que leí en cuanto me lo pidieron en la escuela y que, ahora que lo he vuelto a leer, creo que sigue siendo bueno. Es, sin duda, un libro muy apropiado para adolescentes, ya que trata sus temas a través de la responsabilidad y el amor dando lo que, a mi parecer, sigue siendo un pequeño giro de tuerca en historias similares, es una lectura ligera que puede terminarse en uno o unos cuantos días al no ser tan extenso.
Esta breve lectura nos lleva a reflexionar sobre lo que implica convertirse en padre (o madre) siendo tan joven, así como asumir las consecuencias de nuestros actos, hacer frente a la adversidad de la mejor manera posible y valorar la importancia de la familia como apoyo. Con una historia sencilla, llena de cariño y entretenida, Lucas y yo es una lectura para todo mundo.
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| Imagen hecha con IA para fines ilustrativos |
Reseña
Mateo es un chico de apenas 17 años que, tras abandonar la escuela, sin empleo y con un futuro poco alentador, está a punto de enfrentarse a una de las responsabilidades más grandes que cualquier hombre puede tener: ser padre. Al no haberlo planeado, Lorena, su novia, quiere dar a su hijo en adopción. Impulsado por su amor e idealismo, Mateo propone casarse, pero a Lorena no le entusiasma la idea de jugar a ser madre, así como a su novio no le convence la idea de dar al bebé en adopción. Tras varios intentos de apelar al lado sentimental de su pareja, el chico cede, intentando convencerse de que será lo mejor. Todo cambia para él cuando toma por primera vez en brazos a Lucas, su hijo, y decide que nada ni nadie va a separarlos.
Desde el inicio se nos muestra el gran amor, la determinación y el sentido de responsabilidad que Mateo posee. Aun cuando lo más fácil sería aceptar la idea de Lorena desde el principio, o simplemente no hacerse responsable (como tristemente puede suceder), él trata constantemente de que su novia cambie de opinión y se muestra genuinamente entusiasmado ante la idea de ser padre, aun cuando —como es de esperarse— siente miedo y dudas sobre cómo cuidarían de un bebé siendo tan jóvenes. Quiere encontrar una manera de hacerlo funcionar. De igual forma, se destaca el amor que muestra por su novia. Una vez que su suegra ya no puede evitarlo, Mateo visita constantemente a Lorena, habla con ella, intenta comprenderla y, pese a tratar de convencerla, la respeta y se preocupa por su bienestar.
Pero la situación no puede durar así para siempre. Cuando los papeles están listos, Lorena ha visto por primera —y única— vez a su hijo y, sin haber podido convencerla, Mateo toma al niño con la intención de regresarlo a su cunero, pero, angustiado ante la idea de no volver a verlo, toma el ascensor y cruza la puerta principal del hospital con su hijo en brazos.
Lucas es, evidentemente, el catalizador que impulsa a nuestro protagonista a madurar, pero también hay otro elemento importante: la relación con sus padres. Mateo recuerda cómo su propio padre lo abandonó a los siete años y, a esas alturas de su vida, su madre ya se había mudado con su nuevo novio, sin insistir demasiado en que fuera con ella. Pensar en su propia situación familiar y reflexionar sobre cómo fue para él vivir con la ausencia física y emocional de sus padres es lo que siempre evita que tome el camino fácil de dejar a Lorena y a Lucas a su suerte, pues quiere ser todo lo contrario: el tipo de padre nunca abandona.
Mateo es un chico de diecisiete años que a duras penas puede sostenerse a sí mismo y, aun así, tiene la resiliencia para no repetir el patrón de su familia y ser un buen padre para Lucas. Él mismo se pregunta constantemente cómo podría cuidar a un recién nacido, cómo alguien como él podría darle un futuro cuando ni siquiera tiene claro el suyo. Pero eso no le importa, porque son él y Lucas contra el mundo.
Así comienza su tropezado viaje hacia la madurez.
Con ayuda de su abuela, quizá su único familiar que se preocupa genuinamente por él, Mateo aprende poco a poco a criar a su hijo y enfrenta las complicaciones que implica ser un padre soltero a tan corta edad, todo mientras vive con el constante miedo de que puedan arrebatarle a su hijo por, básicamente, haberlo secuestrado.
La narración en primera persona de Audrey O’Hearn, desde la perspectiva del protagonista, es directa y sencilla, lo que facilita la comprensión de la historia y nos permite conectar con Mateo para entender el porqué de cada una de sus emociones. Esto último importante, ya que la autora construye un gran protagonista (y padre) en un entorno donde lo común es ver la perspectiva de la madre soltera.
Aunque breve, en todo momento se puede ver y sentir el amor incondicional que nuestro joven protagonista profesa no solo hacia Lucas, sino también por las personas que ama, como su abuela y Lorena. Se nos presenta la visión de un padre amoroso y responsable, en contraste con una madre que, si bien siente afecto hacia su hijo, no lucha por mantenerlo a su lado. Mateo nada contra la corriente del pensamiento usual de que un bebé arruina la vida de alguien tan joven, pues, aunque no es nada fácil, es precisamente asumir la responsabilidad de cuidar a su hijo lo que lo lleva a convertirse en una persona que pasa no tener futuro a tener una vida sencilla, pero plena, junto a la pequeña y poco convencional familia que ha formado.
Mi única queja sería que, en cierto punto de la historia, la trama se desvía hacia algo más policíaco (aunque no con la intensidad que el género demanda), lo cual no termina de conectar con el resto del relato y se siente fuera de lugar. Fuera de eso, es un libro excelente para quienes quieren algo ligero o para quienes comienzan el hábito de la lectura y buscan sentir la ternura a flor de piel. Además, funciona como un ejercicio de reflexión para adolescentes sobre las consecuencias y desafíos que conlleva una paternidad temprana.
Gracias por visitar este pequeño rincón. Hasta volvernos a encontrar.


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